Huertos escolares para una educación sostenible y el empoderamiento en Haití y México
Los niños y niñas no son solo beneficiarios del cambio, sino poderosos agentes de transformación. A través del proyecto CARE – Children’s Action for a Resilient Environment (Acción de la Infancia para un Entorno Resiliente), implementado en Haití y México, los niños y niñas se convierte en verdaderas semillas de cambio, cultivando resiliencia, conciencia ambiental y justicia social en sus escuelas y comunidades.
En el centro de la iniciativa se encuentran los huertos escolares, concebidos no simplemente como espacios de producción de alimentos, sino como aulas vivas donde los niños y niñas aprenden sobre nutrición, biodiversidad, resiliencia climática y sus derechos fundamentales. Inspirado en los principios de la ecología integral, el proyecto responde a desafíos interconectados como la inseguridad alimentaria, la malnutrición, la exclusión educativa y la degradación ambiental, que afectan de manera particular a la infancia en contextos de vulnerabilidad.
En Haití, el proyecto se desarrolla en un contexto marcado por la pobreza extrema, la inseguridad alimentaria y la persistencia del sistema Restavèk, una forma de servidumbre doméstica infantil que priva a miles de niños y niñas de educación y protección. Al integrar los huertos escolares en el marco educativo de los Centros Maristas, la iniciativa mejora el acceso a alimentos nutritivos y fortalece el derecho a la educación. Para muchos niños y niñas Restavèk, el huerto se convierte en un espacio de dignidad y pertenencia, donde el aprendizaje, el cuidado y la participación reemplazan la explotación y la exclusión. A través de actividades prácticas, los niños y niñas adquieren habilidades concretas, mejoran su estado nutricional y desarrollan confianza como protagonistas activos de su propio bienestar y del de sus comunidades.
En México, el proyecto se centra en comunidades indígenas mayas de la Reserva Ecológica de Cuxtal, en Yucatán, un territorio de alto valor ambiental pero marcado por profundas desigualdades sociales. Allí, los huertos escolares ayudan a reconectar a los niños y niñas con los saberes agroecológicos tradicionales, promueven una alimentación saludable y culturalmente arraigada, y fortalecen el cuidado del medio ambiente desde una edad temprana. En estrecha colaboración con la Universidad Marista de Mérida y las autoridades públicas de educación, la iniciativa impulsa la institucionalización de la educación alimentaria dentro del sistema escolar, garantizando su sostenibilidad y posibilidad de réplica a largo plazo.
En ambos países, la niñez desempeña un papel central en el diseño y la implementación del proyecto. Los niños y niñas participan activamente en el cultivo de los huertos, el seguimiento del crecimiento de los cultivos, el aprendizaje de prácticas resilientes frente al cambio climático y la transmisión de conocimientos a sus familias. De este modo, se convierten en promotores de una alimentación saludable, de la protección ambiental y de la resiliencia comunitaria. El proyecto integra además un sólido enfoque basado en derechos, abordando la igualdad de género, la inclusión de niños y niñas con discapacidad y el empoderamiento de quienes viven en condiciones de mayor marginación.
Más allá del entorno escolar, CARE fomenta la participación comunitaria y el diálogo con actores institucionales. Familias, docentes, autoridades locales y organizaciones de la sociedad civil se involucran en la construcción de una responsabilidad compartida en torno a la iniciativa, mientras que los resultados del proyecto contribuyen a esfuerzos de incidencia más amplios, incluyendo la incorporación de sus logros en el Examen Periódico Universal (EPU) de Haití, reforzando la seguridad alimentaria y la educación como derechos humanos fundamentales.
Al transformar los huertos escolares en espacios de aprendizaje, protección y participación, CARE demuestra cómo los niños y niñas, cuando son empoderados y acompañados, pueden convertirse en catalizadores de cambios duraderos. Como semillas de cambio, cultivan no solo plantas, sino también esperanza, dignidad y un futuro más justo y sostenible para sus comunidades.

El proyecto en cifras:
1.188
Niños y niñas participan directamente en educación inclusiva, nutrición y aprendizaje ambiental a través de huertos escolares.
1.998
personas alcanzadas de manera indirecta, incluyendo familias y miembros de la comunidad, mediante la mejora de prácticas alimentarias, sensibilización y transferencia de conocimientos.
9
Huertos escolares establecidos y en funcionamiento como aulas vivas para la sostenibilidad, la nutrición y los derechos de la infancia.
471
Niños y niñas monitoreados regularmente con indicadores nutricionales (peso y talla), fortaleciendo la prevención de la malnutrición.
171
niños y niñas Restavèk en Haití apoyados mediante acceso a educación, protección y alimentación nutritiva.
70
Docentes capacitados en educación alimentaria, agroecología y metodologías de aprendizaje basadas en huertos.
6
escuelas con planes integrados de Gestión del Riesgo de Desastres (GRD) y resiliencia climática.
mas del 44%
de participación activa de niñas y niños en situación de marginación, promoviendo la igualdad de género y la inclusión.
ods





OBJECTIVOS Laudato sì





